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Mantenimiento del sistema
La función de los frenos es la de permitir la detención del vehículo, a partir de la transformación de la energía de movimiento en energía calorífica.
La fuerza de frenado debe asegurar una rápida detención de las ruedas pero sin llegar a bloquearlas. Para que eso sea posible es fundamental que tengas en cuenta las condiciones de la vía y el estado general de los mecanismos de tu vehículo (neumáticos, suspensiones, etc.).
Los frenos pueden ser de tambor o de disco, y algunos fabricantes lo que hacen es combinarlos, montando los frenos de disco en las ruedas delanteras y los de tambor en las traseras.
Para su correcto mantenimiento:
- Una vez al año o cada 20.000 km haz una revisión completa del sistema de frenos.
- En esa revisión, pide una verificación del estado de la bomba de freno y los bombines de rueda (que no presenten síntomas de agarrotamiento ni fugas de líquido), del desgaste de las pastillas de freno, los tambores y los discos, la presión del sistema y el servofreno.
- Pide también una comprobación de la eficacia del freno de estacionamiento.
- El nivel del líquido de frenos deberá mantenerse dentro de unos límites, y por eso deberás revisarlo de forma periódica y sustituirlo según las recomendaciones del fabricante.
- Es recomendable utilizar los recambios aconsejados por el fabricante.
Un sistema de frenos en mal estado causará un aumento de la distancia de frenado y restará seguridad en la conducción de tu vehículo.
Sistema antibloqueo de frenos
El sistema antibloqueo de frenos ABS impide el bloqueo de las ruedas en frenadas violentas, a la vez que mantiene la trayectoria del automóvil y proporciona la máxima deceleración.
Con el sistema de frenos ABS, mientras pisas a fondo el pedal de freno éste empieza a vibrar y se producen de forma automática un ciclo de frenadas intermitentes sobre las ruedas.
Para su mantenimiento, será necesario revisar las conexiones y cableados del sistema eléctrico del ABS, así como el funcionamiento de todos los componentes del sistema.
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Funciones y mantenimiento
El sistema de refrigeración del vehículo, junto con el sistema de lubricación, es el encargado de evacuar gran parte del calor producido en la explosión o combustión del motor.
El sistema de refrigeración está formado por el radiador, el termostato, la bomba, el ventilador, los manguitos o conductos, el depósito de expansión y el líquido refrigerante. Éste último tiene como función:
- Aumentar el punto de ebullición del agua y actuar como anticongelante.
- Recoger los excesos de calor para cederlos a la atmósfera.
- Evitar la deformación o agarrotamiento de las piezas del sistema.
Para el mantenimiento general del sistema deberás asegurarte de forma periódica del buen estado de todos sus componentes, comprobar el nivel de líquido refrigerante en el vaso de expansión y limpiar todo el circuito del sistema según las indicaciones del manual de mantenimiento del vehículo.
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Amortiguadores
El sistema de suspensión del
vehículo es el encargado de controlar el comportamiento
de las
ruedas en contacto con el suelo. Los amortiguadores son los mecanismos
que proporcionan seguridad y confort durante la conducción y que
aportan estabilidad al vehículo.
Como consecuencia del mal estado de los amortiguadores:
- La distancia de frenado aumenta y la frenada se vuelve más inestable.
- Los neumáticos se desgastan de forma prematura y disminuye su adherencia.
Aumenta el riesgo de aquaplaning.
- El nivel de confort de los ocupantes del vehículo se ve mermado por las sacudidas durante la conducción.
- Se produce el deterioro de algunos de los elementos de los sistemas de suspensión y dirección del vehículo.
- Las luces de tu vehículo pueden deslumbrar a los conductores que se acercan en sentido contrario.
- Se acentúa la inestabilidad de la dirección y la dificultad de controlar el vehículo en las curvas.
El desgaste de los amortiguadores es difícil de detectar por parte del conductor, ya que lo más común es que nos habituemos de forma progresiva a las deficiencias del sistema.
En las revisiones pide una sustitución de los muelles que no tengan la flexibilidad ni la presión adecuada, una comprobación de las posibles fugas de líquido o de gas y, en general, la verificación de que no existe ningún elemento del sistema que esté deteriorado. Sigue las revisiones indicadas en el manual de mantenimiento de tu vehículo y pide siempre los recambios que aconseje el fabricante.
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Arrancar sin batería
Muchos conductores han sufrido la desagradable experiencia de ver cómo su coche no arranca. En la mayoría de las ocasiones, el culpable siempre es el mismo: la batería. Ante esta situación, la solución de urgencia más clásica consiste en empujar el vehículo al mismo tiempo que se inserta la segunda marcha. Sin embargo, si nuestro automóvil es de última generación y, por lo tanto, incorpora catalizador, deberíamos evitar este tipo de maniobra. En caso contrario, podríamos deformar la estructura interna del catalizador.
Cuando empujamos el coche y éste se niega a arrancar a la primera, lo más probable es que una cierta cantidad de gasolina pase por el motor sin quemarse (el combustible queda retenido en el catalizador). Hasta aquí, ningún problema. Las complicaciones empiezan en el momento en que el propulsor cobra vida. En este instante, el combustible almacenado en el catalizador se quema de golpe, lo que puede elevar la temperatura del mismo por encima de los 1.000 grados centígrados. Demasiado calor si tenemos en cuenta que la mayoría de los catalizadores, para que funcionen correctamente, nunca deben superar los 700 grados.
La consecuencia es que un exceso de temperatura tan exagerado puede destruir o deformar en pocos segundos este importante elemento descontaminante. ¿Qué hay que hacer si nos quedamos tirados por culpa de una batería que apenas tiene carga? Obviamente, sustituirla por otra que esté en buen estado. Como alternativa de emergencia, también podemos tratar de conectar unas pinzas a la batería de algún voluntario que se compadezca de nuestra situación.
A pesar de que esta solución de emergencia resulta ideal para solventar un percance puntual, lo más recomendable es que visitemos el taller tan pronto como nos sea posible. Sólo así evitaremos nuevos contratiempos.
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SISTEMA ELÉCTRICO
Si una batería está rota, comunicada, cortada o tiene un cortocircuito, sustitúyala siguiendo estos pasos:
-. Desconecta todos los elementos del vehículo que tengan consumo eléctrico.
-. Si tiene un vehículo con memoria de funcionamiento, antes de desconectar los bornes de la batería efectúa una toma de corriente. Hazlo con el conector del encendedor para mantener una alimentación mínima y evitará la eliminación de la memoria. No obstante, compruebe que los terminales de la batería no hagan contacto, una vez desconectados, con las partes metálicas del vehículo.
-. Desconecte el terminal negativo con cuidado de no deteriorar el terminal.
-. Una vez hecho esto, desconecte el terminal positivo.
-. Afloja el sistema de fijación de la batería y sácala de su soporte.
-. Cuando coloques la batería nueva, hágalo con firmeza, pero sin darle ningún golpe, ya que podría romperse la caja exterior de plástico.
-. Limpie los terminales con cuidado. Primero, con agua, para quitarles el óxido, y después con un cepillo de acero. La zona de contacto con el borne de la batería debe quedar totalmente limpia.
-. Introduzca completamente los terminales en los bornes de la batería. Cuando los apriete, compruebe que la fijación sea firme.
-. Una vez hecho todo esto, pon una capa fina de vaselina alrededor del terminal para evitar su oxidación.
-. Para acabar, compruebe su buen funcionamiento y la carga de la batería poniendo el vehículo en marcha.
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SISTEMA ELÉCTRICO
Las auténticas lámparas de xenón tienen como principio de funcionamiento dos electrodos sumergidos en una ampolla llena de gas xenón. Aplicando una tensión elevada (hasta 20.000 voltios), se forma un arco luminosísimo (más del doble que una lámpara H7).
Es, pues, necesaria una centralita de control de la tensión que, después del encendido, desciende hasta 85 voltios; además, para evitar el deslumbramiento de quienes circulan en sentido contrario, las normas obligan a la adopción del corrector automático de inclinación y de los lavafaros.
- Los faros de descarga de gas mejoran la visibilidad nocturna y en condiciones difíciles (también con niebla) y resultan útiles para todos, pero sobre todo para los ancianos, cuya visión es reducida. Hay que tener presente, sin embargo, el alto coste de los recambios.
- Los faros de xenón, si están disponibles, se deben solicitar en el momento de la compra del vehículo: su montaje posterior es muy difícil.
- La iluminación proporcionada por los faros de descarga de xenón es el resultado de un compromiso entre razones técnicas, estilísticas y económicas. Además, el constructor puede favorecer la profundidad del haz luminoso a expensas de su anchura, o viceversa.
- Las lámparas de descarga de gas emiten más del doble de luz que las halógenas y duran cinco veces más. En el caso improbable de que deban ser sustituidas..
- Las lámparas de xenón que se encuentran en los hipermercados, a pesar de mejorar algo la visibilidad, no tienen nada que ver con las auténticas lámparas de descarga de gas.
- Para mejorar un poco la iluminación ofrecida por los faros de un automóvil es posible adoptar lámparas súper, que deben estar debidamente homologadas (NOM).
.- Las lámparas de 100 watios son de competición y no se pueden utilizar en la vía pública.
- Al sustituir las lámparas de descarga de gas, hay que controlar la orientación de los faros, ya que puede verse modificada.
Mantenimiento de la batería
La batería del vehículo es la encargada de la puesta en marcha del motor y del sistema de alumbrado. La reserva de energía en la batería se produce por una reacción química entre las placas de plomo (positivas y negativas) y el electrolito (compuesto por agua destilada y ácido sulfúrico).
Para mantener la batería de tu vehículo en buen estado deberás, siempre que sea posible:
- Revisar que el nivel del electrolito en cada uno de los de los depósitos de la batería corresponda a las marcas de referencia. En caso contrario deberás añadir agua destilada hasta llegar al nivel indicado y sin sobrepasar los límites. Nunca añadas ácido, pues éste no se evapora. En el caso de baterías selladas o sin mantenimiento no se puede hacer esta operación.
- Mantener limpios y engrasados los bornes para prevenir el desgaste producido por los depósitos de ácido sulfúrico y para evitar que se produzcan valores de resistencia, lo que ocasionaría fallos en el sistema eléctrico del vehículo.
- Evitar las descargas completas de la batería, ya que éstas aceleran el deterioro de las placas.
- Revisar periódicamente el funcionamiento general del sistema eléctrico de tu vehículo, para evitar fallos en el motor.
- Recargar la batería en ambientes ventilados y evitar posibles fuentes de chispas. La vida de la batería oscila entre los 4 y los 5 años, aunque en condiciones de temperaturas extremadamente cálidas se puede acortar. La tensión normal de la batería en reposo (motor parado) oscila entre 11,8 y 12,5 voltios.
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SISTEMA ELÉCTRICO
Mantenimiento del aire acondicionado
El aire acondicionado es uno de los mayores hitos en cuanto al confort en el automóvil, ya que garantiza que la temperatura en el habitáculo sea la deseada por los ocupantes. El sistema funciona de forma parecida a un frigorífico, recogiendo el calor del habitáculo para expulsarlo al exterior del vehículo. Para mantener el sistema del aire acondicionado en condiciones óptimas, ponlo en marcha de forma regular durante todo el año. Esto favorece la lubricación del compresor y alarga su duración. Comprueba el buen funcionamiento del aire acondicionado con una prueba práctica antes de la llegada del calor. Se aconseja revisar la carga de gas cada uno o dos años. Es muy recomendable efectuar estas revisiones anuales, ya que algunos de los fallos habituales en el sistema del aire acondicionado, como un rendimiento por debajo de lo habitual, ruidos extraños o pérdida de potencia, se deben a algún problema relacionado con el compresor o a un nivel bajo de gas. Estudios recientes demuestran que conducir con una temperatura interior de 30º o 35º puede hacer aumentar el tiempo de reacción hasta un 65% respecto a la conducción con una temperatura interior de unos 21º. Por lo tanto, se aconseja circular con una temperatura de confort entre los 21º y los 23º para una mejor comodidad y seguridad.
Fuente: http://www.racc.es/
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